miércoles, julio 22, 2009

Curiosidades académicas #2: un entremés inevitable

¿Qué es esto de sentarse a escribir sobre chomskys y demás mentiras o verdades calamitosas de la vida de los pobres e imberbes, berbes, radicalmente indómitos o indomables guanacos de la vida: los hombres? Tener una máquina de escribir-bullshit frente a vos (sí, frente a vos) y borbotear idiosincracias y voluptuosidades a un cuarto de libra de queso bien marchito, tanto o más que estas palabras que de a poco van poblando lahoja/lapantalla y borbotean todavía más que las idiosincracias tan carentes de alma, y de dinero, y de algo más que no sea sí mismas -retóricas pleñideras del futuro-. ¿Una máquina de escribir, digo? Sí, de intentar escribir, de someterse a la maquinaria también indómita pero domesticable (o un qué sé yo de nostalgias y de indignidades, o por ahí de jocosas perturbaciones de domingo panzarriba, o crepúsculos modernistas engarzados en la negrura del bronx que no conozco o en la impertinencia de un paso bajo nivel que está por temperley, o hasta te diría que un asomo de milanesa con fritas; lo que quieras, pero ¿domesticable?) de esta expresión marchita aún cuando el queso sea esa asquerosidad de roquefort, esa loada podredumbre (loada como tantas otras), esos hongos que la gente come y come y los pequeños o gordos gourmets alaban con aquello que el mismo chomsky no dudaría en llamar "adecuación" -explicativa o no, importa poco-. Como si realmente importaran estas líneas no escritas, sino vomitadas, escu(l)pidas lapidariamente sobre la puta hoja/pantalla, que no puede más que someterse y darse por venerable vencida -aún vencida-, pobre, y se habla de doloresfuertesenlavidaquéséyo, che, césar. Qué sé yo. Darte cuenta de manera inesperada de que sos lo más parecido a un tango que viste en tu vida, pero que ni siquiera sabés bailar la milonga, y ni se te ocurra un poco de oreja a gardel o a troilo, y te hace tirititar de bronca la respiración fétida de los bandoneones caminando más por las orillas arcaicas del sena que por las mentes diurnas que habitan -idiosincracia- alguna casucha.

domingo, mayo 24, 2009

Soneto 46

....Quiero escribir, y el llanto no me deja,
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja.
....Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto,
de entrambos la esperanza se me aleja.
....Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que me enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte),
....que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.


....................................................en Rimas,
........................................... de Lope de Vega

viernes, febrero 06, 2009

escrito de reojo

Ser únicos e irrepetibles: ese afán de hacernos no escribibles... Aunque, la escritura estaría más bien dentro del abismo que se hunde entre el "única", el "e" y el irrepetible"... ¿no? Digamos, una cosa ahí tirada, como si fueran pilares y abajo hubiese lava... Esa lava sería la escritura.

sábado, noviembre 29, 2008

Lírica del doble discurso

Arrullos casi de plata, benteveos qué hidalguía

amontonada fútil como desdicha entre egipcios

con velos y cairos de vendedores altivos, que caen

bajo bajo la migraña del capitalismo.

Almíbar fascista o ensalada de frutas

dietética para anarcodesperdicios inventados,

inventarios crucifijos poco laxos, llévenla

lejos, al destino marático y náufrago

de estos dulces líquidos del duque.

Querer y no querer querer ser querido,

resplandor indiferente desde el cielo hasta abajo

más abajo que la bajeza hipócrita

de sonrisita lámina, de labios parapléjicos;

arruinar un relato con una risa,

desmenuzar personalidades, no ampararse en la unidad

retazo venéreo y lumpen, recorrido

hacia abajo hacia arriba pero no el mismo,

vetustos predicados harto río exacto (que sí es el mismo,

........................................................................ [ y te baña)

como un cocktail desahuciado –pero ya lo han dicho, girando–

no permitirse quedarse afuera de la sopa, sopita chocha,

de hermenéutica enredada con aire acondicionado;

abandónenla desparpajo y feto, succiónenla como un pus

reverberante entre ninfómanas de galera y rúcula,

pernóctenla ir corriendo en una pata, o en dos,

abrúmenla sedientos de identidad fugitiva

residuos de alguna época sin épica,

obsecuentes admiradores de nosotros ellos con azúcar

o edulcorante, renta indómita velocímetro alcahuete.

Querer y no querer querer ser odiado

en otros olvidos.

domingo, noviembre 16, 2008

La inmiscusión terrupta

Como no le melga nada que la contradigan, la señora Fifa se acerca a la Tota y ahí nomás le flamenca la cara de un rotundo mofo. Pero la Tota no es inane y de vuelta le arremulga tal acario en pleno tripolio que se lo ladea hasta el copo.

- ¡Asquerosa! - brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa. Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivolarle un suño a la Tota que se desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abroncojantes bocinomias. Por segunda vez se le arrumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, peron adie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro peticuras de esas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgándose de ida y de vuelta cuando se ve precivenir al doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas.

- ¡Payahás, payahás! - crona el elegantiorum, sujetirando de las desmecrenzas empebufantes. No ha terminado de halar cuando ya le están manocrujiendo el fano, las colotas, el rijo enjuto y las nalcunias, mofo que arriba y suño al medio y dos miercolanas que para qué.

- ¿Te das cuenta? —sinterruge la señora Fifa.
- ¡El muy cornaputo! —vociflama la Tota.

Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si no se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en plena tetamancia; son así las tofifas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan tan plopas

Julio Cortázar

viernes, octubre 31, 2008

Curiosidades académicas: fluir de la consciencia en un práctico de griego

Como el otro día, mientras recordaba a aquella mujer insólita, que durante el piélago verano descubrí amamantando ojos diurnos en playas sin sombra, sombra tan vasta como los años de esa otra estatua, resabio perenne de culturas muertas, tan muertas como vos y yo, y mientras ayer te hablaba, te escupía palabritas así sin merma, pensando en aciagos verdes de pastitos prepotentes e involuntarios, involuntariamente succionados desde ventiladores en franca reversa y vos parada ahí arriba, con el sol en la espalda (ese tatuaje tuyo, ¡tan horrible!), ahí en esa terraza de barrio, tirando bolillitas de los árboles a los transeúntes pero agachándote rápidamente bajo la medianera de la terraza mientras te desbordaba la risa ante las puteadas de primavera, puteadas de laguna, de parque nacional, como en las cataratas –chorrito empedernido– que gritan locas, sádicas, y de ahí a esa marca porosa de atún o paté de foie (no me acuerdo) que sonaba así, también sádica. Y por otro lado, un traumatismo de cráneo bárbaro, parmenídeo, horas y horas debatiendo filológicamente quién carajo era esa prostituta arcaica, como tantas que hoy en día deambulan de sábana en sábana, sin hacer tanta bambolla, esa prostituta que lo llevaba en un carro, sí, como el famoso dicho, el grosero dicho, pero invertido tan griegamente, erra y náusea (bunda), y de tantas horas no sacar ni un minuto para hablar de algo menos arrugado. Arremangáte los dientes así, cortina, como toda esa saliva idiota que derramaban las paredes de los baños en las catedrales del insurrecto infierno entendido sin ningún propósito aterrador o anfibio, sumergible, andáte por ahí a correr matungos de plazas desarraigadas en pleno desierto pensando en la retórica y los griegos y dale con los griegos, es que seguro estaban horas y horas tirados en esas plazas arenosas y no tenés que “enojarte por todo” (orgízesthai epí pánton) porque sino estás recontra frito, hermano, te agarra el stress y ahí te quiero ver, Sócrates, te quiero ver sin la cicuta, atado a una roca, en medio de bombardeos ociosos, y vos regurgitando picos y palas, y haciéndole la cama a algún barbudo medio pedófilo y homosexual, te quiero ver y no te veo por esa nube de luz que tapa tu estatua desde ayer a la mañana, desde que tengo una especie de racconto memorioso de las cosas, desde entonces es que todos pasan gateando por la escalera y se empiezan a incorporar en los últimos peldaños, como cuando la vendimia comienza tarde, o las cerezas vienen muy inmaduras en noviembre y hay que esperar hasta diciembre con el calorcito para meterlas en un recipiente de plástico con hielo y –una por una– deglutirlas tribalmente, ilusamente, pero darnos cuenta al prender la luz de que no había ningún hielo, ni recipiente, sino un saco de verruguitas ahumadas y panceta como para darles un gustito más suave. Ahí te viene el vómito, el racconto del que te hablaba antes, las estatuarias ganas de yacer bajo un panteón luego de haber picado la piedra con la que –latigariamente– vas a tener que hacer otro panteón sobre el que descansar de haber picado piedra, y así hasta que venga Jesús a terminar con tu panteón, y por eso te vas a arrojar a sus pies clamando “¡Salvador!”, justo el nombre de tu tío, el que nos llevaba siempre en el camión a donde iba; me acuerdo de esa vez que nos acució hacia una nata interespacial que daba chuchos, íbamos sentaditos al recontra lado del ojo de buey –porque de paso trasladaba animales al matadero– y de vez en cuando el cuadrúpedo se mandaba cada Heráclito que tenías que abrir la ventanilla de par en par y rogar que la cicuta no se hiciera gaseosa nunca, o que a nadie se le ocurriera nunca prender un cigarrillo mientras lo torturan en una cámara de gas (y por otro lado, ¿a quién se le ocurre hacer una cámara de gas?¿para filmar qué cosas?); de repente mirar el reloj de sol sobre la ruta y notar que son las 16:20 y 37 segundos, pensativamente razonando que un segundo sobre la tierra parece demasiado estático y entonces, cuando el 8 se hace cargo del asunto, volver la mirada al tío, que ahora yace sobre el volante –y no bajo un panteón, sino bajo el techo para nada descapotable del camión– despatarrado y larguimuerto, mientras un zorzal algo ermitaño puja por abrirse camino entre la cera bólida de las orejas del tío, y cuando sale de la oreja se lo ve cubierto por una viscosidad amarillenta –¡ma qué gris!– y se picotéa un poco el cuerpo como quien se despioja pajaritamente, al mismo tiempo el tío ejerce una presión inmensa sobre la bocina –excitadísimo por Perséfone, te la canto de una– y hay que agarrar la mandíbula menos dopada de algún buey y con ella arrancar de a pedacitos la pierna del tío para que no le haga más caso al acelerador porque en algún lado termina la ruta y hay que bajar a orinar y estirar –justamente– las piernas de los vivos. Figuráte, de la nada sale un sol espaldarísimo revoloteando bolillitas de los árboles, mientras el zorzal vuelve a hacerse ermitaño pero en una tierra para nada baldía, surge un grito que poco más y te desnuca, “amemos la sofía” pintarrajeado con aerosol en cada una de las bolillitas, pero cuando nos damos vuelta para buscarla resulta un bodrio de medianoche que alquilaste por cinco pesos. Tirála a la basura.

domingo, agosto 24, 2008

Se viene la lectura.....

Lectura de poemas y conversación: la escritura como búsqueda y como trabajo

Leen: Carolina Bejar, Fernando Cocchi, Natalia Gennero, Cristina Granieri y Guido Tanoni

Coordina: Daniel Freidemberg

Centro Cultural de la Cooperación - Sala Osvaldo Pugliese

Corrientes 1543

Ciudad de Buenos Aires

Martes 26 de agosto a las 19

lunes, junio 30, 2008

(contribuciones)

Un mundo feliz

Diciembre 2012.

Luego de estar unos años afuera, vuelvo para pasar las fiestas en familia.
El taxista que me trae del aeropuerto me habla de la última novela de Aira. Cansado, apenas escucho lo que me dice. Miro, soñoliento, la ventana. Las plazas están repletas de personas leyendo. Puedo ver en los bares libros sobre todas las mesas, y basta que avancemos unas cuadras para que la vidriera de alguna librería aparezca frente a nosotros.
Me incorporo, bajo la ventanilla para que el aire fresco termine de despertarme.
Al detenernos en un semáforo una señora que cruza la calle, llevando las bolsas del supermercado, le dice a su amiga: "No, no... en Cortázar la fuerza de la lectura es centrípeta, mientras que en Borges es una lectura centrífuga que te impulsa hacia un saber enciclopédico".
No logro entender lo que sucede. Donde mire hay alguien con un libro en la mano.
Me bajo del taxi. En la puerta de casa me están esperando. Antes de soltar las valijas pregunto qué es lo que está pasando.
-Ah... claro, no sabés nada. Fue hace 6 meses... murió Tinelli.


(agradezco al Capitán Burton por su enorme contribución a este espacio; claro está, lo escrito supra es de su autoría, y puede encontrarse en su blog)

lunes, junio 09, 2008

y dicen que escribía mal

"Algunas veces en la noche hay rostros de doncellas
que hieren con espadas de dulzura. Nos alejamos,
y el alma nos queda entenebrecida y sola,
como después de una fiesta"

Roberto Arlt, "El Juguete Rabioso"

miércoles, mayo 28, 2008

Otro abismo

¿Cuándo vendrán, oh pronto, ellas a buscarme?
Niñas muertas.
Las espero, también, muerto
todavía respirando por esa idiotéz humana:
la esperanza.
¿A qué hora, digo, las veré por fin?
Será, ya, demasiado tarde
como fue tan temprano esa mañana
mediodía; iridiscente, como estos labios
que se cierran por inercia
y se abren por decoro.
¿A dónde iré a parar, rictus de olvido?
Temiendo temerle a la verdad,
mas buscándola como si fuera
mía. ¡Ingenuo!
Nunca es aullido grato
ni, acaso, enfermo abrazo.
Tal vez cura y espanto,
reflejo de atroces desgarros
como estos que pugnan
en mí. ¡Lástima!
Porquería que nada los ríos
(de la ciencia) con fuerza y no sabe
-¡no sé!- que es su fin el ahogo.
Desahogo inútil, por caso, esta
efigie estática de palabras
crudas. ¡Muerte!
Quizás el único resquicio de esperanza
que nos queda a nosotros:
medios
orgullosos
sobrevalorados
altaneros;
solitarios.


Mayo de 2008