miércoles, diciembre 16, 2009
Poemita para después del veneno #1
Es como un mar sin agua
y sin sal. Queda el ruido solamente,
y el viento abofeteándonos la cara.
Claro, no sólo la cara. Están
las vísceras, que se apretujan
en bocanadas de una soledad
bien exquisita, digamos, o quizás
podríamos decir, de buena calidad.
Una soledad que se basta con eso,
con ser una. No precisa multitudes,
ni fe, ni montañas. Le basta
con un hematoma imperturbable,
con un amor esquivo, y es tan poco:
lágrimas empavesadas, sin ausencias.
Dame tu sombra
para que pueda
sentirme.
miércoles, julio 22, 2009
Curiosidades académicas #2: un entremés inevitable
domingo, mayo 24, 2009
Soneto 46
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja.
....Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto,
de entrambos la esperanza se me aleja.
....Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que me enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte),
....que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.
viernes, febrero 06, 2009
escrito de reojo
sábado, noviembre 29, 2008
Lírica del doble discurso
Arrullos casi de plata, benteveos qué hidalguía
amontonada fútil como desdicha entre egipcios
con velos y cairos de vendedores altivos, que caen
bajo bajo la migraña del capitalismo.
Almíbar fascista o ensalada de frutas
dietética para anarcodesperdicios inventados,
inventarios crucifijos poco laxos, llévenla
lejos, al destino marático y náufrago
de estos dulces líquidos del duque.
Querer y no querer querer ser querido,
resplandor indiferente desde el cielo hasta abajo
más abajo que la bajeza hipócrita
de sonrisita lámina, de labios parapléjicos;
arruinar un relato con una risa,
desmenuzar personalidades, no ampararse en la unidad
retazo venéreo y lumpen, recorrido
hacia abajo hacia arriba pero no el mismo,
vetustos predicados harto río exacto (que sí es el mismo,
........................................................................ [ y te baña)
como un cocktail desahuciado –pero ya lo han dicho, girando–
no permitirse quedarse afuera de la sopa, sopita chocha,
de hermenéutica enredada con aire acondicionado;
abandónenla desparpajo y feto, succiónenla como un pus
reverberante entre ninfómanas de galera y rúcula,
pernóctenla ir corriendo en una pata, o en dos,
abrúmenla sedientos de identidad fugitiva
residuos de alguna época sin épica,
obsecuentes admiradores de nosotros ellos con azúcar
o edulcorante, renta indómita velocímetro alcahuete.
Querer y no querer querer ser odiado
en otros olvidos.
domingo, noviembre 16, 2008
La inmiscusión terrupta
- ¡Asquerosa! - brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa. Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivolarle un suño a la Tota que se desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abroncojantes bocinomias. Por segunda vez se le arrumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, peron adie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro peticuras de esas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgándose de ida y de vuelta cuando se ve precivenir al doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas.
- ¡Payahás, payahás! - crona el elegantiorum, sujetirando de las desmecrenzas empebufantes. No ha terminado de halar cuando ya le están manocrujiendo el fano, las colotas, el rijo enjuto y las nalcunias, mofo que arriba y suño al medio y dos miercolanas que para qué.
- ¿Te das cuenta? —sinterruge la señora Fifa.
- ¡El muy cornaputo! —vociflama la Tota.
Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si no se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en plena tetamancia; son así las tofifas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan tan plopas
Julio Cortázar
viernes, octubre 31, 2008
Curiosidades académicas: fluir de la consciencia en un práctico de griego
Como el otro día, mientras recordaba a aquella mujer insólita, que durante el piélago verano descubrí amamantando ojos diurnos en playas sin sombra, sombra tan vasta como los años de esa otra estatua, resabio perenne de culturas muertas, tan muertas como vos y yo, y mientras ayer te hablaba, te escupía palabritas así sin merma, pensando en aciagos verdes de pastitos prepotentes e involuntarios, involuntariamente succionados desde ventiladores en franca reversa y vos parada ahí arriba, con el sol en la espalda (ese tatuaje tuyo, ¡tan horrible!), ahí en esa terraza de barrio, tirando bolillitas de los árboles a los transeúntes pero agachándote rápidamente bajo la medianera de la terraza mientras te desbordaba la risa ante las puteadas de primavera, puteadas de laguna, de parque nacional, como en las cataratas –chorrito empedernido– que gritan locas, sádicas, y de ahí a esa marca porosa de atún o paté de foie (no me acuerdo) que sonaba así, también sádica. Y por otro lado, un traumatismo de cráneo bárbaro, parmenídeo, horas y horas debatiendo filológicamente quién carajo era esa prostituta arcaica, como tantas que hoy en día deambulan de sábana en sábana, sin hacer tanta bambolla, esa prostituta que lo llevaba en un carro, sí, como el famoso dicho, el grosero dicho, pero invertido tan griegamente, erra y náusea (bunda), y de tantas horas no sacar ni un minuto para hablar de algo menos arrugado. Arremangáte los dientes así, cortina, como toda esa saliva idiota que derramaban las paredes de los baños en las catedrales del insurrecto infierno entendido sin ningún propósito aterrador o anfibio, sumergible, andáte por ahí a correr matungos de plazas desarraigadas en pleno desierto pensando en la retórica y los griegos y dale con los griegos, es que seguro estaban horas y horas tirados en esas plazas arenosas y no tenés que “enojarte por todo” (orgízesthai epí pánton) porque sino estás recontra frito, hermano, te agarra el stress y ahí te quiero ver, Sócrates, te quiero ver sin la cicuta, atado a una roca, en medio de bombardeos ociosos, y vos regurgitando picos y palas, y haciéndole la cama a algún barbudo medio pedófilo y homosexual, te quiero ver y no te veo por esa nube de luz que tapa tu estatua desde ayer a la mañana, desde que tengo una especie de racconto memorioso de las cosas, desde entonces es que todos pasan gateando por la escalera y se empiezan a incorporar en los últimos peldaños, como cuando la vendimia comienza tarde, o las cerezas vienen muy inmaduras en noviembre y hay que esperar hasta diciembre con el calorcito para meterlas en un recipiente de plástico con hielo y –una por una– deglutirlas tribalmente, ilusamente, pero darnos cuenta al prender la luz de que no había ningún hielo, ni recipiente, sino un saco de verruguitas ahumadas y panceta como para darles un gustito más suave. Ahí te viene el vómito, el racconto del que te hablaba antes, las estatuarias ganas de yacer bajo un panteón luego de haber picado la piedra con la que –latigariamente– vas a tener que hacer otro panteón sobre el que descansar de haber picado piedra, y así hasta que venga Jesús a terminar con tu panteón, y por eso te vas a arrojar a sus pies clamando “¡Salvador!”, justo el nombre de tu tío, el que nos llevaba siempre en el camión a donde iba; me acuerdo de esa vez que nos acució hacia una nata interespacial que daba chuchos, íbamos sentaditos al recontra lado del ojo de buey –porque de paso trasladaba animales al matadero– y de vez en cuando el cuadrúpedo se mandaba cada Heráclito que tenías que abrir la ventanilla de par en par y rogar que la cicuta no se hiciera gaseosa nunca, o que a nadie se le ocurriera nunca prender un cigarrillo mientras lo torturan en una cámara de gas (y por otro lado, ¿a quién se le ocurre hacer una cámara de gas?¿para filmar qué cosas?); de repente mirar el reloj de sol sobre la ruta y notar que son las 16:20 y 37 segundos, pensativamente razonando que un segundo sobre la tierra parece demasiado estático y entonces, cuando el 8 se hace cargo del asunto, volver la mirada al tío, que ahora yace sobre el volante –y no bajo un panteón, sino bajo el techo para nada descapotable del camión– despatarrado y larguimuerto, mientras un zorzal algo ermitaño puja por abrirse camino entre la cera bólida de las orejas del tío, y cuando sale de la oreja se lo ve cubierto por una viscosidad amarillenta –¡ma qué gris!– y se picotéa un poco el cuerpo como quien se despioja pajaritamente, al mismo tiempo el tío ejerce una presión inmensa sobre la bocina –excitadísimo por Perséfone, te la canto de una– y hay que agarrar la mandíbula menos dopada de algún buey y con ella arrancar de a pedacitos la pierna del tío para que no le haga más caso al acelerador porque en algún lado termina la ruta y hay que bajar a orinar y estirar –justamente– las piernas de los vivos. Figuráte, de la nada sale un sol espaldarísimo revoloteando bolillitas de los árboles, mientras el zorzal vuelve a hacerse ermitaño pero en una tierra para nada baldía, surge un grito que poco más y te desnuca, “amemos la sofía” pintarrajeado con aerosol en cada una de las bolillitas, pero cuando nos damos vuelta para buscarla resulta un bodrio de medianoche que alquilaste por cinco pesos. Tirála a la basura.
domingo, agosto 24, 2008
Se viene la lectura.....
Lectura de poemas y conversación: la escritura como búsqueda y como trabajo
Leen: Carolina Bejar, Fernando Cocchi, Natalia Gennero, Cristina Granieri y Guido Tanoni
Coordina: Daniel Freidemberg
Centro Cultural de
Corrientes 1543
Ciudad de Buenos Aires
lunes, junio 30, 2008
(contribuciones)
Diciembre 2012.
Luego de estar unos años afuera, vuelvo para pasar las fiestas en familia.
El taxista que me trae del aeropuerto me habla de la última novela de Aira. Cansado, apenas escucho lo que me dice. Miro, soñoliento, la ventana. Las plazas están repletas de personas leyendo. Puedo ver en los bares libros sobre todas las mesas, y basta que avancemos unas cuadras para que la vidriera de alguna librería aparezca frente a nosotros.
Me incorporo, bajo la ventanilla para que el aire fresco termine de despertarme.
Al detenernos en un semáforo una señora que cruza la calle, llevando las bolsas del supermercado, le dice a su amiga: "No, no... en Cortázar la fuerza de la lectura es centrípeta, mientras que en Borges es una lectura centrífuga que te impulsa hacia un saber enciclopédico".
No logro entender lo que sucede. Donde mire hay alguien con un libro en la mano.
Me bajo del taxi. En la puerta de casa me están esperando. Antes de soltar las valijas pregunto qué es lo que está pasando.
-Ah... claro, no sabés nada. Fue hace 6 meses... murió Tinelli.
(agradezco al Capitán Burton por su enorme contribución a este espacio; claro está, lo escrito supra es de su autoría, y puede encontrarse en su blog)
lunes, junio 09, 2008
y dicen que escribía mal
que hieren con espadas de dulzura. Nos alejamos,
y el alma nos queda entenebrecida y sola,
como después de una fiesta"
Roberto Arlt, "El Juguete Rabioso"